Bouer

Menorca

Un “bouer” es literalmente un establo de bueyes. La primera vez que lo vi era de noche y una pequeña bombilla suspendida del techo iluminaba lo que a mí me pareció una “cueva” llena hasta arriba de heno. Todo un reto de lo más tentador.

Vaciamos y limpiamos la piedra y en algunos puntos de la casa la “abrimos” para casarnos con el cielo.

El pavimento se cubrió con microcemento color arena, igualándolo al suelo del patio exterior para crear sensación de amplitud al abrir las puertas.

En los baños usamos piezas hidraúlicas artesanales hechas por la empresa Adrover de la isla.

Buscamos el origen de la esencia y el respeto hacia el entorno cubriendo alguna de las paredes con la piedra de marés, hierro para los detalles de la escalera y la cocina, madera para los cerramientos. Se abrieron ventanas pequeñas para lidiar con el viento de Tramontana y ventanas grandes rasadas con la hierba que crecía en el piso superior. Y fuera, la balsa encalada en blanco se llenó de agua cristalina.

Sin pretensiones, en mente todo momento la idea de que menos, a veces, es más.